Los nuevos modos de la campaña política: chau a lo políticamente correcto

Había cosas inmencionables y transitábamos la era de lo “políticamente correcto”. Pero no, lo inmencionable estaba ahí, actuando bajo la superficie. El diálogo era mejor que la hostilidad. El debate mejor que la descalificación. Los prejuicios se sancionaban. Las campañas electorales tenían una función relevante: eran una conversación pública sobre el futuro, legitimaban el sistema político y aportaban información a los votantes.

Hoy no. No hay agendas únicas, nadie las controla. Asistimos a una era de consensos precarios en los que priman más los acuerdos tribales que los sociales amplios. Mantener la cohesión tribal estimulando los rasgos identitarios es la tarea cotidiana. Fomentar la lealtad a las pasiones, aun si estas se contraponen con normas del consenso democrático. Todo se justifica (violencia, humillaciones, transgresiones) por la defensa de la identidad.


Lo políticamente correcto ya no prima o no necesariamente es un bien político destacable. El votante, además, ve y lee lo que quiere. Elige un medio porque de antemano sabe qué va a decir. La diversidad es conflicto. No solo no se pagan costos en hacer públicos los prejuicios, sino que ganan espacio político.