Los «ojos» de los coches autónomos empiezan a ser su mayor problema

Los vehículos capaces de conducir solos incorporan muchos componentes, pero uno de ellos está resultando ser no sólo más crucial sino también más problemático que el resto.

Ese ingrediente vital es el sensor LIDAR, un dispositivo que mapea los objetos en 3D mediante haces de láser que rebotan contra su entorno inmediato. Los vehículos autónomos probados por empresas como Alphabet, Uber y Toyota dependen mucho del LIDAR para ubicarse dentro de los mapas que necesitan para desplazarse, y también para identificar elementos como peatones y otros vehículos. Los mejores sensores pueden apreciar detalles de unos pocos centímetros a distancias de más de 100 metros.


La mayoría de las empresas que participan en la carrera por comercializar coches autónomos consideran al LIDAR esencial. Tesla es una rara excepción que ha decidido confiar únicamente en cámaras y sistemas de radar. La visión de los sensores de radar no es demasiado precisa, y las cámaras no rinden bien en condiciones de poca iluminación o muchos reflejos. Un vehículo de Tesla se estrelló contra un remolque el año pasado, matando al conductor en el instante, después de que el software Autopilot de la empresa fuera incapaz de detectar el vehículo frente al cielo brillante y despejado que había de fondo. El vicepresidente de Conducción Autónoma de Toyota, Ryan Eustice, me contó recientemente que aunque su sistema de seguridad en desarrollo, que es menos ambicioso, llegue a funcionar sin LIDAR, incluirlo aún es una pregunta abierta (ver Antes de que los coches conduzcan solos, pueden evitar peligros inminentes).