Los pibes para la moderación

Hace tiempo que Alberto Fernández los descartó de su lista de preocupaciones urgentes. Si el comando electoral de la calle México albergó, allá por fines de mayo, dudas sobre cuántas grietas internas, desencuentros y diferencias entre el albertismo y La Cámpora aparecerían sobre la marcha de la campaña para hacer volar por el aire la épica de la unidad, la realidad terminó por disipar los fantasmas. Al menos los inmediatos. Con una disciplina prusiana, la agrupación que conduce Máximo Kirchner se alineó sin fisuras detrás del candidato presidencial, ordenó a su militancia y moldeó su discurso a los tiempos (moderados) por venir.

“Esta historia de los demonios de La Cámpora…déjense de embromar, son gente que como todos los argentinos quiere vivir en un mejor país”. La enérgica defensa sonó el sábado la mañana en Radio 10 y provino desde España, nada menos que de boca de Fernández. El candidato presidencial acababa de leer un artículo en el diario La Nación sobre cómo será la eventual relación entre el camporismo y Fernández una vez en el gobierno.