viernes 16 de noviembre

Los pingüinos que han tumbado a dos ministros

“Yo he comido pingüino, en escabeche”, grita el pescador Salvador Vergara, de 49 años, para hacerse oír sobre el estruendo del motor de su embarcación. “Con cebollita está exquisito”, recuerda. Vergara circunnavega la isla chilena de Choros, en el corazón de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, el último gran bastión de la especie en el planeta. En 1990, cuando se creó la reserva, estos pequeños pingüinos, con una franja negra en el pecho, se servían estofados o en escabeche y estaban al borde de la extinción. Hoy se han recuperado hasta llegar a los 16.000 ejemplares y su fuerza es tal que han conseguido algo inaudito: la dimisión de dos ministros.

Vergara vive en Punta de Choros, una tranquila comunidad de pescadores en la costa del norte de Chile. Es un lugar único en el mundo. Por sus aguas pasa la corriente de Humboldt, una autopista submarina que arrastra nutrientes desde la Antártida hasta el Ecuador. Ante las tres islas que forman la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, el agua de las ricas corrientes profundas asciende hasta la superficie, regalando un banquete para multitud de especies oceánicas. En la reserva viven delfines nariz de botella, chungungos (unas diminutas nutrias) y leones marinos. Y por sus aguas pasa el gigante del mar: la ballena azul, de hasta 180 toneladas, acompañada por ballenas de aleta y jorobadas. Pero este paraíso, según alerta Vergara, está amenazado. “Vivimos de la pesca y del turismo. Si viene Dominga, estaremos de brazos cruzados”, sostiene.


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