domingo 23 de enero de 2022
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Los problemas migratorios no son nuevos, pero estamos usando las peores formas para resolverlos

El año 2021 terminó con múltiples restricciones y tragedias sobre la migración: el gobierno de Estados Unidos retomó el programa “Quédate en México”, que obliga a los solicitantes de asilo a esperar en territorio mexicano mientras las cortes de migración estadounidenses resuelven sus peticiones; México amplió la lista de países a los que les solicitará visa para entrar a su territorio —Ecuador, Brasil y Venezuela están entre los seleccionados—, y la ruta Canaria, que lleva a los migrantes desde África hasta las islas Canarias (España), atravesando parte del océano Atlántico, registró un máximo histórico de muertes: 4,404 personas.

Nuestra historia reciente sobre migraciones se basa en la securitización de las fronteras y dejar en pie solo una pata de la mesa que forma la gestión migratoria: el control militar o policial.

Atrás quedaron las propuestas sobre mejorar las condiciones para las solicitudes de asilo o refugio, la integración social y económica de los migrantes y refugiados, y el respeto de sus derechos humanos. Llegamos al año 2022 con un mundo sumergido en las retóricas y narrativas de que la migración es mala, o en el mejor de los casos, el perfecto chivo expiatorio para los errores político-partidistas.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)