viernes 3 de diciembre de 2021
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Los ransomware ya están entre nosotros

Fueron dos pedidos de auxilio con una semana de diferencia. El primero, de Cynthia, una buena amiga nuestra; el otro, de la colega de mi amigo Martín Carmona Selva, desde Barcelona. En ambos casos la situación era la misma: un virus se había metido en la máquina y había encriptado todos sus documentos. Fotos de viajes, planillas de cálculo, mails, textos, videos. Típico de esta clase de ataques, los delincuentes exigían 500 dólares (en bitcoins) para proveerles la clave de cifrado con la que podrían recuperar sus archivos. De allí su nombre. «Ransom» en inglés significa rescate.

Había poco por hacer, a decir verdad. Al revés que la mayoría de los virus actuales, que tratan de pasar inadvertidos y, por lo tanto, no afectan los archivos, los ransomware hacen blanco en los documentos y arrasan con ellos. Hay variantes de este modus operandi, pero se reducen, grosso modo, a dos. O cifran archivos y piden plata a cambio de darnos la clave para descifrarlos o bloquean el acceso a Windows sin cifrar nada.

El escenario más temible es aquel en el que nuestros documentos fueron cifrados, porque o pagamos o perdemos esa información. Para muchos (un contador, por ejemplo), no hay demasiadas opciones; es eso, o quedarse sin sus clientes. Me dice Martín que conoce a 5 personas que pagaron el rescate.

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