domingo 26 de junio de 2022
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Los riesgos de mantener al negacionista Bolsonaro como presidente

La elección como presidente de Jair Bolsonaro, en 2018, puso fin al ciclo más largo de estabilidad democrática en la historia de Brasil, que había comenzado con la Constitución de 1988. Bolsonaro, quien se opone al aborto legal y es partidario de la dictadura militar, contó con el apoyo de grupos evangélicos, poderosos actores del agronegocio y representantes del mercado financiero para ser elegido presidente. En cuanto asumió el cargo, en 2019, su gobierno confirmó su identidad de extrema derecha.

Este año, el 2 de octubre, Brasil volverá a elegir presidente. Bolsonaro planea la reelección y se enfrentará al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Pero incluso si Bolsonaro es derrotado, la deconstrucción de su legado seguirá siendo el desafío para toda una generación.

Cuando tomó el poder no fue una sorpresa su política de seguridad basada en la violencia policial y la expansión de la tenencia y portación de armas para la población civil. Tampoco los ataques a minorías como los grupos LGBT+. Las estrategias que componen la agenda autoritaria del gobierno, como mermar la competencia y credibilidad de los demás poderes de la República, son muchas. Pero una de ellas ha cobrado especial resonancia tras dos años de pandemia y más de 656,000 muertos: el negacionismo.

Invertir en la fabricación de la duda y la negación para desestabilizar el consenso democrático no es una práctica nueva. En el libro Mercaderes de la duda, Naomi Oreskes y Erik Conway muestran cómo la industria tabacalera estadounidense fue la precursora en la década de 1980. Bolsonaro y sus movimientos afines se han nutrido de desvirtuar el papel de la ciencia —no solo las “ciencias duras”, sino también las sociales y la historiografía— para generar una falta de confianza generalizada, incluida en las instituciones democráticas.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)