Los sellos independientes se reinventan en la era del streaming

La movida era simple: fichabas un artista, le financiabas el disco y cobrabas una parte de lo que vendía. Los CDs salían de a cientos de miles, las grandes discográficas hacían fortunas con eso y los sellos independientes bastante menos, pero respetaban las decisiones del artista, mantenían un estilo personal a través del tiempo y -mal que mal- vivían.

De repente, un día, no hubo más discos. Los CDs pasaron a juntar polvo en anaqueles de cuarentones o esconder patentes de las multas fotográficas, mientras las playlists se hacían carne en los más jóvenes. En ese contexto, las majors (Sony, Warner, Universal) diversificaron su oferta de servicios, apostaron al pop y al urbano, y se nutrieron de los millones y millones de pasadas en las plataformas de streaming.