Los televangelistas que se enriquecen gracias a los estadounidenses pobres

El telepredicador Todd Coontz tiene una rutina que ha practicado muy bien: viste con traje y corbata, toma una Biblia en sus manos y le pide a los televidentes que se comprometan a donar una cantidad concreta de dinero.

«No lo pospongan, no lo pospongan», les pide de forma calmada, pero enfática.


Coontz conoce bien a su audiencia: aparece con frecuencia en canales cristianos de televisión por cable a altas horas de la noche, atrayendo a espectadores que carecen de conocimiento sobre finanzas y que están desesperados porque ocurra un cambio en sus vidas.