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jueves 26 de noviembre de 2020
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Lucrecia Martel: «Yo no escraché a Polanski, jamás prohibiría la obra de un artista, es una barbaridad»

El Hotel Excelsior parece una fortaleza medieval . Sus torres, sus interminables paredones de ladrillos enormes, sus arcos por ventanas, y sus escoltas de seguridad, que durante el Festival de Cine de Venecia se multiplican y alejan a los curiosos que otean esperanzados para que una casualidad los coloque cerca de una celebridad, transmiten esa sensación de otra época. De allí sale Lucrecia Martel, directora argentina y presidenta del jurado del certamen de cine más antiguo del mundo, y camina despacio, junto a la encargada de prensa, hasta un punto de encuentro, el bar Leone d’Oro, enfundada en un trajecito y sus inconfundibles gafas.

El calor, como en toda ciudad mesopotámica, en la que el agua borra el horizonte con un capa de vapor que se confunde por neblina o smog, es abrasador. Y así, como en una charla de ascensor, comienza un diálogo informal. «25 grados, pero parece más», dice Martel. «Es que aquí no inventaron la sensación térmica», respondo. Y reímos. Reímos porque en la glamorosa isla de Lido hay algo que consigue transportarnos al país sudamericano de donde provenimos y quizá también porque hay algo onírico, de irreal, en toda la escena, como sucede en sus películas, donde el tiempo y el espacio parecen responder a reglas que a los otros, los que nos sentamos a mirarlas, se nos escapan.

Ya sentados en una sala -más fresca- del edificio principal de La Mostra, Martel asegura que haber sido nombrada para liderar el jurado del festival se siente «como un reconocimiento a la trayectoria». Rápidamente reflexiona y agrega: «Pienso que también hay razones mundiales de tratar de tener en estos lugares de decisión, como el jurado o el grupo de selección de películas, otras miradas, distintos tipos de directores: mujeres».

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