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sábado 23 de octubre de 2021
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Lula, ¿culpable o inocente?

Durante los ocho años que gobernó Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva sufrió de lleno el escándalo del mensalão y dejó como herencia el petrolão. Ambos escándalos de corrupción tienen una matriz común: la financiación ilegal de la política con recursos del Estado, cemento de una compra de voluntades que permitía alcanzar consensos ante la crónica falta de mayoría propia en el Congreso.

En términos generales se le puede atribuir una fuerte responsabilidad política por, como mínimo, no haber frenado esos latrocinios y por haber aplicado un sospechoso laissez faire y, como máximo, por haberse beneficiado política o personalmente con esos esquemas.

El problema es que ese tipo de evaluación es propia de los analistas políticos o de los electores que acuden a las urnas. La comprobación de delitos en la justicia es una tarea mucho más complicada y que no admite zonas grises o argumentaciones ambiguas.

Cuando se enfrentó por primera vez cara a cara con Sérgio Moro y este le dijo que “salieron denuncias en el diario Folha de São Paulo según las cuales…”, el líder histórico de la izquierda brasileña lo frenó en seco: “No, doctor. No me juzgue por noticias, tráigame pruebas”. Hábil, siempre pidió lo mismo: los sobornos, si los hay, no realizan contra recibo.

Así, Moro tuvo una tarea difícil para probar que Lula se benefició con un tríplex en el balneario paulista de Guarujá como contraprestación dada por la constructora OAS por contratos amañados en Petrobras. ¿Lo logró?

marcelofalak.wordpress.com  (marcelofalak.wordpress.com)