viernes 2 de diciembre de 2022
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Lula vuelve al poder en Brasil

El hombre que acaba de agrandar su huella en la historia de América Latina llega al escenario a eso de las once. La Avenida Paulista es un desfile de banderas, gorras y remeras rojas que se pegan a la piel como medusas, porque la noche en la que Lula consagra su última hazaña es una noche calurosa de verano en la que los cuerpos se rozan permanentemente. Es la coreografía del desahogo. Se camina saltando, con las manos en forma de L apuntando al cielo y gritando alabanzas a Lula o puteadas a Bolsonaro y Neymar.

El escenario se asemeja a un crucero de tamaño mediano, con cuatro terminales, cada una apuntando a un lugar distinto de la avenida. Lula está montado con una veintena de acompañantes que lo siguen por todo el rectángulo. Es que el presidente electo ha decidido dar un pequeño discurso para cada rincón de la manifestación. Ya nadie sabe de dónde saca vitalidad este hombre, que cumplió 77 años el jueves y dio un primer discurso público hace un par de horas, para no hablar del peso de su sexta candidatura, que es la primera tras estar 580 días en prisión, y para no hablar de que en ese tiempo fallecieron su esposa, su nieto y su hermano. Lula, sin embargo, está agotado: tiene la camisa empapada de sudor, la cara hinchada y colorada, y su voz, su rugido característico, se escucha metálico y saturado.

Pero Lula sube y baja las escaleras internas del escenario para hablar con su gente, y su estela ilumina a sus acompañantes. Así, el rincón que deja vacante Lula lo ocupa otro integrante de este elenco que es presentado como una suerte de Avengers por la democracia. Destacan el vicepresidente y su ex rival Gerardo Alckmin, la candidata de centroderecha Simone Tebet –activo vital para la victoria–, el aspirante fallido a gobernador de San Pablo, Fernando Haddad, el dirigente social Guilherme Boulos y la propia Dilma Rousseff, entre otros. Todos reciben el calor del público, pero nada se compara con los momentos en los que vuelve a aparecer Lula. Es un veredicto inapelable, y un dilema a resolver a futuro: no hay nadie que se le acerque.

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