Macri, Cristina y la máquina de transformar votantes en desertores

Supuesta paridad, polarización y una serie de enigmas que dependen de la efectividad de las encuestas, el nivel de participación y el voto vergonzante que no se asume como tal. Llega el momento en que los roles se invierten, el Círculo Rojo se diluye por un rato en la intrascendencia y deciden los actores de reparto. A dos semanas de las PASO, los equipos de campaña queman los últimos cartuchos pero la guerra de trincheras empieza a ceder para dar lugar a la realidad más general de los que aparecen para definir las elecciones, en un escena que miran de lejos.

País extraño, la Argentina ya apostó por procesos históricos que construyeron un espejismo y se revelaron después como inviables con un endeudamiento récord o una economía con pies de barro. Pocas veces, tal vez nunca, sin embargo, la mayoría de los argentinos votó contra lo que vivía como realidad palpable a cambio de una promesa ya desmentida. A eso apuestan Mauricio Macri y Juntos por el Cambio. Una experiencia que se juega en el terreno de las expectativas y en el umbral de la religión: el sacrificio del presente en función de un futuro de oportunidades. Si ganan, habrá nacido una sociedad distinta. Si no, quedarán reafirmadas una serie de constantes.