Macri espera el derrame que a Piñera jamás le llegó en Chile

Hay un ejemplo que al macrismo le quita el sueño. Y es el fracaso de continuidad que protagonizó en Chile el ex presidente Sebastián Piñera. En octubre de 2012, había tenido un primer aviso cuando la coalición que encabezaba el empresario fue derrotada en las elecciones municipales.

Quince meses después, Piñera debió contentarse con hacer un llamado telefónico de felicitación a la adversaria triunfante y ser retribuido con una invitación a desayunar de Michelle Bachelet, quien finalmente lo sucedió en la Casa de la Moneda.


El dato llamativo de la derrota de Piñera que preocupa a algunos macristas es que se produjo mientras Chile crecía al 4,5% anual, la inflación era inferior al 6% en el año y la desocupación del 7%. ¿Qué es lo que pasó en el país trasandino que el oficialismo no pudo vencer con semejantes números favorables en la economía? La respuesta lógica y previsible es que la bonanza estadística jamás se derramó sobre los sectores más vulnerables. Y el mensaje de los chilenos más pobres fue rechazar a ese empresario que les resultaba lejano y al que ni siquiera pudo salvar aquella sonrisa electoral que el resto del planeta conoció durante el salvataje de los 33 mineros atrapados a 700 metros bajo el desierto de Atacama.