lunes 23 de mayo de 2022
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Macri está más conforme que Cristina

Una vez más, Alberto Fernández, Martin Guzmán y el gobierno del Frente de Todos cerraron una negociación de deuda desde la debilidad extrema. En medio de una corrida cambiaria, una brecha del 110%, una escalada del riesgo país, las reservas en picada y la alarma encendida del retiro de depósitos en dólares de los bancos, que oscilaba entre U$S 300 y U$S500 millones en los primeros 20 días del año. El oficialismo que venía de perder las elecciones en 15 provincias atravesaba el desierto de los meses de verano sin divisas de la cosecha y con una ofensiva de los agitadores del mercado que no tenía fecha de vencimiento. Solo desde ese “precipicio cambiario”, al que Miguel Pesce dice haberse asomado, se entiende que se considere “razonable” el acuerdo al que llegó la administración Fernández con el Fondo Monetario Internacional.

A esta altura, el Gobierno no veía otra opción y no tenía espalda. Cuatro debilidades lo afectaban de manera elocuente: la de origen, el peso de la deuda; la de las circunstancias, la pandemia; la autoinfligida, producto de errores, dudas y diferencias; y la electoral, que provocó una crisis fenomenal en lo más alto de la coalición. Con cancha inclinada, prolongar la negociación en la que se discutía -siempre y sobre todo- la velocidad del ajuste que viene le costaba cada día más caro. Era tarde para tensar la cuerda con todas las cartas marcadas, según la definición de Fabio Rodríguez, el director de la consultora M&R, que considera positivo el acuerdo.

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