Macri recupera tarde la memoria y sale a buscar lo que ya no existe

“¿Qué peronismo?”. Confiado en su destino divino, Mauricio Macri pasó los últimos dos años repitiendo una pregunta que el susto le ayudó a responder en los últimos días. Con ese interrogante, capaz de gestar una enciclopedia, el Presidente desafiaba a los interlocutores de Cambiemos que le pedían a gritos ampliar su esquema de alianzas. El riesgo país, el apriete de los mercados, la recesión que se prolonga y las encuestas que encarga le devolvieron la memoria en cuestión de horas: el único peronismo que puede acompañar un proyecto como el que Macri intenta llevar adelante, con los antecedentes en su contra y los peores resultados.

Presentado como muestra de un pragmatismo ejemplar, prueba de que quiere quedarse a vivir cuatro años más en Olivos, el giro urgente enfrenta por lo menos dos límites. El tiempo, que se agota, y el espacio, porque ese peronismo es cada vez más chico.


Macri tuvo que llamar en persona nada menos que a Sergio Massa, el “menos confiable del sistema político”, según la definición imborrable de Marcos Peña. Lo hizo después de dos años y medio sin contacto directo y sin ninguna gana, en su intento de transformar en hechos concretos el borrador que redactó Rogelio Frigerio.