jueves 13 de diciembre

Macri y Temer quieren evitar el muro

Dan Restrepo, uno de los funcionarios más relevantes que tuvo Barack Obama, suele repetir en sus conferencias lo que considera un número mágico en la historia de los Estados Unidos: 14%. Cada vez que una colectividad o etnia llega a esa proporción en el total de la población, dice Restrepo, crece en ese país lo que los especialistas llaman “nativismo”. Es decir, orgullo de ser norteamericano y reparos ante una posibilidad difícil de constatar en los hechos: que los no nativos saturen el mercado laboral. Pasó siempre. Entre finales del siglo XIX y principios del XX con los alemanes, por ejemplo, que llegaron en 1910 a ser un 18%. Esta visión explicaría que la minoría atemorizante sean ahora los hispanos, que alcanzaron el año pasado el récord, 17%, según un informe de Pew Researcher.

No hace falta escarbar demasiado para encontrar allí los cimientos ideológicos del éxito de Donald Trump. Y de su proyecto de muro, y que lo llevó el martes a pelearse públicamente con el demócrata Jerry Brown, gobernador del Estado de California. Por el permanente intercambio a que están expuestos, los estados fronterizos son en general más propensos a la apertura. Es cierto que, al menos desde el punto de vista económico, la supuesta amenaza inmigrante tiene por ahora en Estados Unidos solo sustento virtual: el desempleo no supera allí el 4% y las razones del deterioro laboral relativo de la población blanca obedecen más a la tecnología y a los costos que a los recién llegados. El problema no es tanto el latino como los robots: aunque fuera obligada a instalar todas sus plantas en Pittsburgh o Detroit, Apple seguramente haría parte del trabajo con máquinas. Restrepo atribuye esta desconfianza a las redes sociales y a la evolución de las comunicaciones. Dice que su madre española, que vivió la guerra, nunca ha estado tan asustada por los peligros del mundo como en estos tiempos. “¿No viste lo que pasó en Niza”, dice que le cuenta por teléfono.


En realidad es un acto reflejo universal. El hispano representa en Estados Unidos lo que el musulmán en Europa. En ese continente, por ejemplo, el rechazo a lo extranjero no ha engendrado todavía un Trump, pero sí electorados quejosos y gobiernos débiles como el de Angela Merkel. Estos humores suelen ser caldos de cultivo para el discurso proteccionista, y el principal muro que deberán saltar Mauricio Macri y Michel Temer si pretenden lograr, como se proponen, el acuerdo Unión Europea-Mercosur. Para dos jefes de Estado de países históricamente corporativos supone un desafío y, al mismo tiempo, un atajo: la gran oportunidad de que tanto el sector privado como la administración pública se adecuen a estándares internacionales y que, como consecuencia, la Argentina y Brasil crezcan en competitividad. “Ustedes respondieron”, les dijo el presidente argentino esta semana en San Nicolás a los productores agropecuarios, en obvia alusión sus recientes diferencias con la Unión Industrial Argentina.

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