Malos influencers: estafas y engaños en las redes

Abrió la puerta del glamour y la ostentación de la alta sociedad con una sola llave: su cuenta de Instagram. Dejaba propinas de cien dólares, se vestía con las mejores marcas y dormía en los hoteles más lujosos de Nueva York. Anna Delvey, una influencer de 28 años, se codeaba con celebridades en las fiestas más exclusivas de Manhattan y era fanática del caviar con champán. Decía que era alemana, heredera de una fortuna familiar de 60 millones de dólares. Todo era falso. Ni siquiera tenía una tarjeta de crédito a su nombre.

En realidad, se llama Anna Sorokin, nació en Rusia y su padre era camionero. Desde octubre pasado está presa por estafas a bancos, emitir cheques sin fondos y engañar a posibles financistas que confiaron en su delirante proyecto de construir un hotel exclusivo. Su último mensaje fue desde la cárcel de máxima seguridad donde vive y fiel a su estilo: una selfie en Instagram (que después borró). La productora Shonda Rhimes (Grey’s Anatomy, Scandal) ya tiene los derechos de su historia para Netflix.