martes 17 de mayo de 2022
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Mamá se va a ir un rato

Hay muchas maneras de fracasar en la maternidad, o eso es lo que le dicen a una madre. Puede ser autoritaria o distante. Puede sofocar o descuidar. Puede ser madre de una manera tan específicamente terrible que se le asigne un arquetipo de mala mamá: la madre de escenario, la madre refrigerador, la mamá permisiva. Puede estar siempre pendiente, como una madre helicóptero, o llegar a la intimidación, como una madre sobreprotectora. Pero lo que no puede hacer, eso que es tan tabú que compite con asesinar a su descendencia, es irse.

La madre que abandona a sus hijos atormenta las narrativas familiares. Se convierte en una figura espeluznante, como salida de un diario sensacionalista, una excepción exótica a la figura común del padre desobligado, o es un esbozo en el fondo de una trama en la que su ausencia le da al protagonista una historia de origen que lo impulsa. Esta figura suscita burlas (piensa en la delirante presidenta estadounidense interpretada por Meryl Streep en No miren arriba que se olvida de salvar a su hijo mientras huye del apocalipsis) o lástima (véase Madres paralelas, en la que una actriz abandona a su hija a cambio de pésimos papeles en programas de televisión). Pero últimamente la madre que desaparece provoca una nueva reacción: el respeto.

nytimes.com  (www.nytimes.com)