sábado 4 de diciembre de 2021
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Mapuches: un nuevo y terrible dilema para Mauricio Macri

En medio de la crisis por el caso Maldonado, un alto funcionario del Gobierno se atrevió a decir off the record lo que nadie dice en público: «Acá lo que falta es política. Los problemas con comunidades originarias se han resuelto por vía de la negociación en distintos países del mundo, incluso en Estados Unidos. Y cuando no hay política, o sea, negociación, empiezan las tomas, las violencia y los muertos. La Patagonia es un territorio inmenso y despoblado. Seguro que hay espacio para negociar entre todas las partes. Apenas se aquiete el caso Maldonado, la política debería volver a conducir el conflicto». Ese acercamiento, por entonces, contrastaba con las posiciones públicas del Gobierno, que estaba tratando de encontrar un rumbo, en aquellos días de agosto, cuando nadie sabía aún lo que había ocurrido con Maldonado. La política, como se pudo ver en estos últimos días, aun no conduce el conflicto con los mapuches y entonces aparecen las balas, las tomas, los tiroteos. Rafael Nahuel, un joven de 27 años, es el segundo muerto en este contexto en apenas tres meses. El primero fue Santiago Maldonado. ¿Cuántos siguen?

Gobernar un país es algo parecido a estar sentado sobre un polvorín. Un día desaparece un joven durante una protesta en la Patagonia, otro va detenido un ex vicepresidente, la semana siguiente se hunde un submarino y el país entero se enluta, en el medio hay un proceso electoral dramático, de repente los Estados Unidos frenan la importación argentina de biodiesel, se negocia contra reloj reformas laborales y previsionales, y cuando algo parece calmarse llegan noticias desde el Sur: otro mapuche cae muerto, esta vez, por las balas de fuerzas federales. Quienes conducen el Estado se ven desbordados: tienen que saber de economía, entender qué pasa con comunidades que invocan órdenes de espíritus para tomar territorios que según la legalidad vigente no les pertenecen, especializarse en baterías de submarinos, todo al mismo tiempo. No parece una tarea para humanos. Pero la sociedad argentina, afortunadamente, es muy sensible ante la muerte ajena. Y, si no se lo atiende seriamente a tiempo, el conflicto mapuche está destinado a producir más violencia, más angustia, más pérdida de vidas: no importa lo que digan hoy las encuestas, a nadie le gusta vivir en un país donde los conflictos se resuelven a tiros.

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