domingo 16 de diciembre

Maquiavelo contra el maquiavelismo

A principios del siglo XVI, el filósofo florentino Nicolás Maquiavelo abrió la vía al pensamiento político moderno. Habitualmente se asocia su nombre a las acciones de dirigentes cínicos y manipuladores. Creada por sus detractores, esta reputación esconde en realidad un auténtico teórico de la libertad y el poder popular.

Son incontables los estudios, bibliografías y coloquios que han celebrado este año el aniversario de los 500 años de El príncipe[1]. En este panfleto consagrado al arte de gobernar, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) expone sin subterfugios “lo que es la soberanía, cuántos tipos hay, cómo se consigue, y cómo se pierde”[2]. Desenmascara de este modo los engranajes del poder y los fundamentos de la autoridad, lo que le ha valido una reputación escandalosa, interpretaciones contradictorias, y ha convertido a su obra en “el libro sobre el pensamiento político más leído y comentado”[3] desde hace medio milenio.


Escrito en 1513, El príncipe se publica a título póstumo en 1532 –hecho extraño, es su redacción la que se conmemora– y es prohibido por la Iglesia Católica, como todos los libros del florentino, desde 1559 hasta el final del siglo XIX. En 1576, el autor hugonote Innocent Gentillet contribuye a forjar su mala reputación al acuñar el término “maquiavelismo”, con un prometedor futuro por delante. Desde el pensador Jean Bodin (1529-1596), que le acusa de haber “profanado los misterios sagrados de la filosofía política”, al erudito Bertrand Russell (1872-1970), para el cual El príncipe es un “manual para gángsters”, Maquiavelo se entiende habitualmente como el teórico cínico del poder y de las técnicas de manipulación, el que murmura a los oídos de los tiranos.

Sin embargo, su pensamiento se presta también a interpretaciones de todo punto diferentes[4]. El príncipe es el “libro de los republicanos” según Jean-Jacques Rousseau; aquel en el que “Maquiavelo él mismo se hace pueblo”, para Antonio Gramsci. A decir verdad, desde pensadores de la Contrarreforma, en el siglo XVI, hasta los liberales del siglo XXI, pasando por los autores de la Ilustración, los jacobinos, los marxistas, los fascistas o los neorrepublicanos, todos lo han estudiado en sus lecturas. Hoy en día, el Florentino inspira tanto novelas policíacas o videojuegos[5] como breviarios de “management empresarial” o hasta de “gobernanza familiar” –como Machiavelli for Moms (“Maquiavelo para mamás”), de Suzanne Evans (Simon & Schuster, Touchstone, 2013)–.

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