viernes 2 de diciembre de 2022
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Maradona, el ausente más presente

El periodista argentino aterriza en el aeropuerto de Doha. Empieza el Mundial. Se sube a un Uber. Lo maneja un hombre nacido en Bangladesh, parte de una masa del 80% de los habitantes de Catar, trabajadores inmigrantes. El tema se impone: Maradona. Que Diego esto, que Diego aquello. Hasta que Juan José Panno, enviado de Página/12, le pregunta cómo le afectó la muerte de Maradona: “¡Cómo que se murió Maradona!”. A dos años de su muerte, la escena acaso sirva para comprender que Diego es eterno, que no es medular si está o no está en la Tierra y que es un símbolo del sur del mundo.

Maradona, lo sabíamos, “jugaría” de alguna manera el Mundial. Si los argentinos recordamos en la madrugada del martes, antes del partido con Arabia Saudita a las 7, una publicidad del Mundial asiático de 2002 en la que Diego nos despierta tocando el timbre de cada casa, meta ring raje, la selección eligió que sonara La mano de Dios, de Rodrigo, en el calentamiento en el estadio Lusail. La última vez que la Argentina había perdido en un debut mundialista había sido en Italia 90, ante Camerún. Carlos Bilardo hizo cinco cambios de ese partido al siguiente -como nunca antes como DT-, mandó a borrar las tres tiras del pantalón negro por “mufas” y les dijo a los jugadores: “Si no clasificamos, que se caiga el avión”. Maradona, el capitán, fue el único que le respondió a Bilardo, porque el fútbol no es de “vida o muerte”, sino un juego: “Avíseme en cuál va usted, a mí me esperan Dalma y Giannina”.

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