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jueves 5 de agosto de 2021
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Mariana Enríquez despide a Juan Forn: «Me cambió la vida»

Nunca se lo dije porque siempre supe que él amaba las buenas historias. Entonces preferí callar. No pensaba sacarle el tema algún día ni nada por el estilo, en vivo o en mensaje. Juan decía, y escribió alguna vez, que yo entré a su despacho de Editorial Planeta vestida con uniforme de colegio y mi primera novela en brazos. Lo del manuscrito es cierto; lo del uniforme no, porque cuando llegué a Planeta ya había terminado el secundario. Tampoco desmiento la imagen: es mejor que la realidad.

Las circunstancias de cómo llegué a ese despacho son azarosas y no importan hoy mientras entran mensajes que preguntan “¿es cierto? ¿qué sabés?” y yo no sé nada más que los hechos brutales: Juan se murió de un infarto en el hospital de Villa Gessell, donde vivía. Eso repito a quienes me preguntan, pero lo que recuerdo en detalle cada vez que lo nombro, cada vez que repito “no lo puedo creer” es esa oficina horrenda de Planeta, llena de libros y papeles, con una ventana que siempre estaba cerrada y el humo de nuestros cigarrillos como una bruma marina. (A lo mejor no era tan horrible la oficina: quizás es un recuerdo distorsionado, como el de mi uniforme). Él peleó por mi novela. Iba a editarla Jorge Lanata en una coleccción que llevaba su nombre, orientada a jóvenes. Pero Juan se la arrebató. Vio algo en ese libro. Confió en él. Lo quiso. A veces ocurren esos cruces de generosidad con capricho y arrebato que definen futuros. Yo no lo sabía, él tampoco, pero en ese momento quedamos unidos para siempre, independientemente de nuestras vidas posteriores. En los agradecimientos de la novela lo nombro: “Gracias a Juan Forn por su ayuda, paciencia y rigor”.

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