Mario Pergolini sobre su futuro y los nuevos medios

Es un hombre, pero podría ser otra cosa: unos ojos, una voz, la radio, donde el rock vive. “¿Puedo fumar en mi oficina?”, pregunta, con honesta amabilidad, aunque con el tono Pergolini: ese -este- es su lugar. Rodeado de libros, vinilos, un casco de Ayrton Senna, algunas fotos, una réplica original de un Stormtrooper de Star Wars y un enorme televisor pausado con una pelada familiar, Mario Pergolini se sienta en su oficina, pide un té y deja bien lejos su teléfono celular.

—Bienvenido.


Como siempre, el presente inmediato de Mario Pergolini está signado por la radio y otras cosas más. Hay un gesto de salud profesional en su apetito por este trabajo, ya lo ha dicho él mismo: “La sed es todo”. Es alguien buscando cómo seguir adelante; pero acertando. A 5 años de la última emisión de ¿Cuál es?, una de sus máximas creaciones, y tras 19 años de liderazgo ininterrumpido, Mario, el semi-Dios de los medios que construye y detona con implacable sangre fría, camina la vida con la tranquilidad del que puede mirar hacia atrás y sentirse satisfecho. Sin embargo, nunca antes había mirado hacia atrás. O al menos no con tanta agudeza y, mucho menos, con algo de melancolía. Nunca, hasta ahora.

A sus 51 años, anda reflexivo: dejó de ser la hiena que mordía el cogote de cualquiera que se le pusiera en su camino y se propuso hacer algunas reparaciones históricas. “Ya está, cambié”, dice sin titubear, como casi todo lo que dice. Así, el mismo tipo capaz de pegarse media vuelta de Caiga Quien Caiga, programa que condujo durante 13 años, sacarse la corbata y no volver jamás a hablar con ninguno de sus compañeros, ahora está regresando sobre sus pasos: Mario quiere estar tranquilo. “Ya me vas a entender”, arremete. Ya lo vamos a entender.

Una historia en velocidad, por si hiciera falta, dice que en la ciudad de Buenos Aires, a mediados de los ochenta y principios de los noventa, hubo una radio irregular con una cantidad de talentos inusitados por metro cuadrado. Esa radio se llamó Rock and Pop y, desde una postura de márgenes y una discursiva resistencia, acompañó el desarrollo de varias generaciones. De todos ellos, lúmpenes, afiebrados, gentlemen y geniales, Mario Pergolini ha sido el mascarón de proa: el mejor.

Pero lejos han quedado esos seis mil novecientos treinta y cinco días primeros en el rating del show de FM con la mayor audiencia en la historia de la radio local. ¿Cuál es?, el emblema de pecho ancho de la vieja Rock and Pop, está en los libros de historia. No obstante, Vorterix, con menos romanticismo y más business, lo puso en órbita: ser primero en las mediciones de IBOPE no quiere decir demasiado. Y aunque ande en otra, aunque esté con la cabeza puesta en el branding, los likes y los clics, aunque confiese que “hace tiempo que no está haciendo radio”, en sus ojos -su marca de autor- está la verdad: esos -cada uno de todos esos seis mil novecientos bla, bla, bla- fueron los mejores días de su vida.