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jueves 22 de abril de 2021
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Mariu, la incondicional

“Esta noche hicimos posible lo imposible. Cambiamos resignación por esperanza. Cambiamos tristeza por entusiasmo y alegría. Cambiamos pasado por futuro. Esta noche solamente quiero decirles gracias, un gracias enorme, un gracias gigante por tanto amor […] Y quiero que sepan que los escuché, que escuché su mensaje de hoy y que sé que ese mensaje es de diálogo, no es de soberbia: es de humildad, es de escuchar, es de estar cerca, es de trabajar mucho. Y quiero que sepan que mañana voy a estar ahí, porque así soy yo: porque le voy a poner cuerpo y alma para la vida que te mereces”, gritaba María Eugenia Vidal desde el escenario del bunker de Cambiemos, rodeada por un equipo que no salía de su asombro. “¿Saben lo que dicen los millones de votos que nos encontramos esta noche? Se puede. Sí, se puede”. Así aceptaba públicamente la victoria en la provincia de Buenos Aires el 25 de octubre del 2015. En privado, según el periodista Ezequiel Spillman —autor de la biografía La otra hechicera (Margen izquierdo, 2016), que entre lo laudatorio y lo propagandístico apela a todos los lugares comunes de la vieja literatura infantil—, la flamante gobernadora le decía a sus compañeros “este quilombo lo quiero yo”. Con el 39,49% de los votos, María Eugenia Vidal, la Million dollar baby del ecuatoriano Jaime Durán Barba, le ganó la gobernación al peso pesado de Aníbal Fernández, el delfín de Cristina Fernández de Kirchner en la provincia. La lógica de la historia política de la provincia más poblada de la Argentina quedó partida en dos: la joven licenciada en Ciencias Políticas no sólo irrumpió en la continuidad de más de cinco lustros de hegemonía peronista en el territorio sino que además se impuso como la primera gobernadora de la Provincia de Buenos Aires. Se alzó con 5 puntos de diferencia sobre Fernández y a la vez le sacó 400 mil votos al propio Macri. La fantasía narcisista de Mauricio de traccionar votos para “ayudar” a Vidal había quedado destrozada luego de las PASO: fue la candidata más votada a nivel individual y, gracias al corte de boleta afanoso, superó los 30 puntos. Esos resultados le sirvieron a Cambiemos como encuesta real, y entre las PASO y las generales, tuvieron tiempo para rediseñar las boletas con el objetivo de darle más espacio y visibilidad a “la cara de María Eugenia”. “Era Macri quien ahora buscaba potenciar la figura de ella para su beneficio en las urnas”, sintetiza la periodista y economista Mara Laudonia en La Gobernadora (Sudamericana, 2016), una biografía que se empeña en hacer un relato del vidalismo en su propio lenguaje, donde la política se emparda con la vocación de servicio y la cultura del sacrificio. De ser una cara prácticamente desconocida en 2013, María Eugenia Vidal pasó a ganar la gobernación más reñida del país y, luego, a convertirse en la figura empática y ganadora del Pro. “Es la ‘Mamá Leona’ que dejó en el camino a una generación de políticos peronistas del conurbano bonaerense”, celebra Spillman. “Le arrebató los primeros puestos en imagen política a todos, sin distinción de partidos. A los cien días de su gobierno, alcanzó el 71% de imagen positiva, aun por encima de Macri”, afirma Laudonia.

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