Martín Guzmán, el ministro que carga con los mayores problemas a resolver

Durante su discurso inaugural ante la Asamblea Legislativa, Alberto Fernández destinó menos de diez minutos para describir los números más dramáticos de la herencia socioeconómica de Mauricio Macri. Fue una factura abultada que no alteró el tono conciliador y moderado de su mensaje. Pero marcó una gran diferencia con su antecesor, que hace cuatro años había optado inexplicablemente por no hacer lo propio con los graves desequilibrios macroeconómicos recibidos de la gestión de Cristina Kirchner.

Con esta divisoria de aguas, el joven ministro de Economía, Martín Guzmán, tendrá que enfrentar la mayor carga de problemas nuevos (y de arrastre), directa o indirectamente. No es una tarea envidiable. Menos con una economía en estanflación, mayor pobreza, deterioro del empleo y deuda al borde de otro default.

La lista de prioridades presidenciales incluyó reactivar la economía, crear trabajo, luchar contra la pobreza y la insuficiencia alimentaria, reestructurar la deuda pública y articular un «contrato social» para mejorar el ingreso de los sectores más vulnerables, en simultáneo con la desindexación de precios y tarifas.