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sábado 31 de octubre de 2020
Periodismo . com

Más no se podía pedir

Alberto Fernández tiene por fin un motivo para respirar satisfecho. Sobre la hora, el Presidente logró desactivar la bomba de tiempo de la deuda que, como un piloto suicida despreocupado del mañana, Mauricio Macri le había dejado con vencimientos de cortísimo plazo. Así no hizo más ni menos que salir del encierro múltiple que lo tenía acosado y dar un paso -inicial, tal vez decisivo- en función de su propia supervivencia. Martín Guzmán tardó ocho meses en negociar con los fondos de inversión que son monstruos de las finanzas globales y llegó a una quita de entre 33.000 y 37.000 millones de dólares, pero no pudo evitar que el Frente de Todos tenga que pagar alrededor de U$S 2.800 durante su mandato, un período de gracia en el que esperaba estar libre de deuda.

Gracias a los Fernández, el ministro de Economía soportó la formidable presión, externa e interna, para eyectarlo de su cargo y obtuvo una reducción en la fenomenal carga de intereses que había generado Cambiemos, lo que era su principal objetivo. Sin embargo, no logró que esa baja se torne compatible con la tasa de crecimiento que la Argentina prevé para los próximos años. El Gobierno se comprometió a cumplir con una tasa que rondará el 3% anual y no está claro cuándo ni cuánto volverá a crecer la economía: pese a la quita, los intereses de la deuda largan con ventaja en la nueva carrera en la que van a incrementar su peso más rápido que el PBI argentino.

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