martes 30 de noviembre de 2021
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Matanza de chanchos

Un amigo inglés voló esta semana de Londres a Madrid, donde tenía que hacer una conexión. La perdió porque tuvo que incorporarse a una larguísima cola, junto a un centenar de pasajeros argentinos, para mostrar su pasaporte. Finalmente llegó a su destino con seis horas de retraso y sin valija.

La lástima es que no me puedo reír. Mi amigo no es un ferviente Brexitero, más bien todo lo contrario. Es gracias a la voluntad democrática de una ligera mayoría de los súbditos de su majestad que él, como todos los demás británicos, perdieron el derecho a entrar en los países de la Unión Europea con la ágil facilidad concedida a los ciudadanos de los países miembros.

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