lunes 26 de septiembre de 2022
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Matar a Cristina

Cuando Fernando Sabag Montiel levantó la Bersa calibre 32 para apuntar contra Cristina Fernández de Kirchner, un brazo policial debió haberle pegado en la mano en el acto para desviar sus disparos hacia arriba. La vicepresidenta debería haber estado rodeada por un escudo humano que la acompañara, guiado por una máxima fundamental: mirando a la gente y no a ella. En esa zona de máxima proximidad, que los especialistas llaman 001, la custodia de la Policía Federal que está encargada de cuidar a la figura política más importante de la Argentina -también la más odiada- no puede fallar. Menos como lo hizo. No se puede permitir siquiera que alguien saque un encendedor a tres metros. En eso coinciden los especialistas.

Una vez que el atacante dispara, la custodia debe tener armado un plan de contingencia para replegar a la persona atacada y llevársela en el instante, porque puede haber más disparos o un segundo tirador en otra zona del lugar. El personal policial, que es el que lleva los chalecos antibalas, tenía obligación de cubrir a Cristina y retirarla en forma urgente en un operativo que está especificado y se llama tren de fuga. Lo que se hizo fue todo lo contrario: la vicepresidenta siguió caminando, acercándose a saludar a la gente.

Millones de personas pudieron ver que, al momento en que Sabag Montiel gatilla sobre la cabeza de Cristina, la custodia aparecía lejos, entre distraída y anestesiada. Casualidad o no, Diego Carbone, el policía federal que es jefe histórico de la custodia de la ex presidenta y la escolta en forma permanente desde hace casi 20 años, no estaba en la escena. El jueves 2 estaba de licencia. ¿Alguien sabía que Carbone no iba a estar en la puerta del departamento de Recoleta?

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