domingo 26 de junio de 2022
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Matar a un periodista

No es posible afirmarlo, porque la pregunta no va a llegar a destino y el periodista carece así de su fuente primaria, pero sí puede suponerlo: Dom Phillips difícilmente hubiese imaginado morir en el Amazonas cuando llegó a Brasil, en el año 2007.

Vivía por entonces otra vida. Escribía sobre música electrónica y fue justamente un libro sobre la escena lo que lo llevó a San Pablo, donde estaba un DJ que conocía. Antes había sido editor de Mixmag, una icónica revista musical que floreció en los noventa en Londres. Dom seguía la cultura rave con dedicación. El viaje a Brasil era más bien una excusa para quedarse un tiempo, en principio un año, y terminar el libro.

Sylvia Colombo, otra formidable periodista y una de sus primeras amigas cuando llegó a San Pablo, dice que Dom ya estaba buscando un cambio de vida al llegar a Brasil. Como sea, lo encontró rápido. Se hizo un grupo de amigos, comenzó a interiorizarse en el país, reemplazó las raves con el samba. “Yo solía decirle que él era más brasileño que nosotros. Nos invitaba a ruedas de samba en la periferia de San Pablo. Quería absorber todo”, me contó Sylvia el lunes pasado.

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