miércoles 5 de octubre de 2022
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Medio Oriente y la doble cara de la barbarie

El medieval asesinato del periodista estadounidense James Foley, a manos de un militante del Califato, o Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés), no resulta esencialmente distinto de los modernos asesinatos estadounidenses-europeos en Irak y tantos otros sitios y momentos de la historia (los latinoamericanos sabemos algo de eso), o de los del Estado de Israel en Gaza.

Ocurre que en Medio Oriente unos y otros tienen, si no justificación, al menos explicación. Si ahora resulta difícil establecer un orden de atrocidad entre el nazismo y los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, o entre los crímenes del estalinismo y los del napalm en Vietnam, en el futuro se presentará el mismo problema moral para jerarquizar sistemáticos atentados del extremismo islamista en ciudades occidentales y bombardeos occidental-israelíes de exterminio; una evolución posible, tal como están hoy las cosas. El asesino de Foley es británico y “los expertos europeos calculan que hay por lo menos 1.900 combatientes europeos en los movimientos yihadistas (…) dispuestos a lanzar una guerra santa en el Viejo Continente” (La Nación, 22/8/14). Del otro lado, el papa Francisco afirmó que “es lícito parar al agresor injusto”. Razonable, pero el problema es saber qué medios serán necesarios para ese fin. Al cabo, se dirá una vez más que la guerra es así; que cada uno pelea con lo que tiene.

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