jueves 9 de diciembre de 2021
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Menos del 1% de la población adulta total posee la mitad de la riqueza mundial

La creciente desigualdad que observamos en nuestro planeta es un motivo de preocupación. Sin embargo, esta tendencia se ha dado por sentada cuando podría estar cimentada en mediciones y conceptos distorsionados. De hecho, otros muchos indicadores muestran que esa desigualdad no es tal y que cada vez más gente tiene mejores condiciones de vida.

La misma imagen se repite en multitud de ciudades a lo largo y ancho del planeta: desde Bombay a Rio de Janeiro, pasando por Luanda, miles de casas abigarradas se apiñan en torno a los aeropuertos. Terrenos que nadie quiso por las evidentes incomodidades que generan los reactores zumbando a pocos metros día y noche hoy se han convertido en gigantescos suburbios en los que decenas, o quizás cientos de miles de personas, hacen su vida día tras día.

Un símbolo de pobreza como es el de la chabola tan cerca de otro símbolo de acomodo económico como es el de los viajes en avión pocas veces conviven tan cerca, aunque entre ellos se interponga un abismo de oportunidades. Pocas personas en esos sembrados de techos de chapa tendrán alguna vez la posibilidad de cruzar al lado habitado por terminales y aeronaves, pero no es menos cierto que ahora es el momento en el que más cerca estarán de que su suerte cambie.

Los datos de pobreza actuales siguen siendo demoledores. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, unos 2.200 millones de personas vivían en el año 2014 en la pobreza o muy cerca de ella. Además, los estudios arrojan que la riqueza del mundo cada vez está más concentrada en unas pocas y selectas manos. Ante esto, el panorama es poco halagüeño, pero conviene echar el freno antes de seguir profundizando.

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