Mentime que me gusta: del changarín a Guillermo Moreno

Hay un punto en común entre el nuevo hit del demócrata Guillermo Moreno: “No canten” y la historia del changarín mentiroso de Nogoyá. Lo resumió el propio Moreno explícitamente: “La verdad no importa”. El razonamiento puede invertirse de manera inquietante. En cambio, la mentira sí importa.

En una sociedad tan acostumbrada a la irrealidad las farsas funcionan, influyen, proporcionan visibilidad y construyen poder. Los que saben mentir bien pueden tener devotos a granel cosechados entre los innumerables ansiosos por satisfacer su credulidad y disfrutar del jardín de las delicias de las ficciones argentinas.


El changarín entrerriano inventó una historia de decencia milagrosa. Como se sabe, aseguró que encontró un maletín con 500 mil dólares. Que lo devolvió. Y que no aceptó una recompensa de un millón de pesos después. La fábula terminó sin cándida moraleja. Confesó, cercado por el fiscal, que todo era falso. Generó simpatías por su inventiva, por su llanto a posteriori, por su condición social marginal.