lunes 23 de mayo de 2022
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Mete el 8-M en tu cama (y en tu Instagram)

¿Dónde empieza la desigualdad? ¿En qué momento los hombres comienzan a ver en las mujeres un cuerpo y no a otra persona con los mismos derechos, los mismos deseos y la misma capacidad para decidir? ¿Cuál es ese instante en el que ellos se ven legitimados a controlar, humillar, ningunear, silenciar o violentar a las mujeres? ¿Qué ocurre, y qué no, para que esto suceda? Las circunstancias son múltiples y complejas, pero hay una certeza a la que apuntan instituciones, organizaciones internacionales y expertas en todo el mundo. Una que se repite insistentemente pero no termina de llegar: la educación afectivo sexual, la que nos enseñe a relacionarnos, con uno mismo, con una misma, y con los demás. Aprender a querer y a soltar, a tener sexo, a no tener culpa ni miedo ni odio. A decir sí, a decir no.

Y mientras eso llega, la realidad es otra con ese vacío educativo como fondo. Una a la que el feminismo aún no alcanza del todo, la de la intimidad, la habitación, la cama. Una que pasa por el porno desde la infancia, la supervivencia de los mitos del amor romántico, los patrones de control que se desarrollan en la adolescencia y la violencia sexual en la que a veces desemboca todo lo anterior. España, aun siendo uno de los países más igualitarios del mundo, mantiene cifras como hasta los 45 ataques sexuales a la hora que se producen en un año o datos como que uno de cada cinco chicos cree que la violencia machista no existe, el doble que hace cuatro años. Aquí, adolescentes, jóvenes y especialistas hacen un recorrido por esa cronología de circunstancias.

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