Mi experiencia como intérprete de terroristas y criminales

Soy una persona habladora, capaz de conversar con cualquiera. Pero como intérprete profesional de francés en el sistema penal británico, cada día puedo ser la voz de una persona diferente. He traducido para asesinos y para sospechosos de terrorismo.

Recuerdo mi primer trabajo en un tribunal de justicia. Tenía 27 años y estaba en el banquillo de los acusados junto a una traficante de drogas a la que habían pagado por meter cocaína en su maleta desde Sudamérica. Era más o menos de mi edad y tenía un hijo. Sentí los latidos de mi corazón antes de abrir la boca para traducir.


El veredicto de cada uno de los casos en los que participo depende de la exactitud de mi traducción. Cuando está en juego la vida o la libertad de una persona, la presión es doble. A ella la condenaron y la metieron en la cárcel.