domingo 28 de noviembre de 2021
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Miedo a un nuevo golpe

Alberto Fernández sabía que Jorge Bergoglio no lo iba a recibir en la recta final de la campaña electoral. Pero alguno de sus operadores informales hizo sus oraciones para alterar la doctrina del primer jesuita que se convirtió en Papa y el Presidente pagó un costo innecesario. Aunque los creyentes del Frente de Todos sostienen que a Fernández le hubiera venido bien aprovechar su viaje a Roma y recibir la bendición de Francisco, en el gobierno saben que el vínculo se deterioró demasiado rápido y Su Santidad no es de los que ponen la otra mejilla. Los dos encuentros que Alberto tuvo con el Papa desde que asumió se gestionaron a través de los canales formales que van desde el secretario de Culto Guillermo Oliveri al secretario de Francisco, el sacerdote uruguayo y doctor en Teología Gonzalo Aemilius. Buscar una excepción a dos semanas de las elecciones y por la vía pagana era ir en busca de un rechazo seguro.

El encuentro con Bergoglio hubiera generado división una vez más en Argentina pero hubiera fortalecido a un presidente debilitado, que viene de perder en las primarias y debe negociar con el Fondo el pago de los 44.000 millones de dólares que dejó Mauricio Macri como herencia. Más allá de las fotos, los encuentros y los discursos que se vieron en Roma, Fernández y Martín Guzmán están tejiendo alianzas con los países de Europa pero tienen su suerte atada a la voluntad de Estados Unidos y ven como dos de sus aliados globales de ayer, Francisco y Kristalina Georgieva, ya no cumplen el papel de socios que jugaron hace un año. Resentido, el Papa tomó distancia del gobierno después de la sanción del aborto legal seguro y gratuito y la economista búlgara, que ahora actúa como cabeza de un acreedor privilegiado, sufre el acoso del establishment norteamericano que respira entre David Malpass y David Lipton.

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