8.3 C
Buenos Aires
martes 21 de septiembre de 2021
Cursos de periodismo

Mientras AstraZeneca vuelve a demorar las dosis que ya pagó el gobierno, crece la presión para que Sigman ceda el principio activo

Cuando el 12 de agosto del año pasado, Alberto Fernández anunció en la residencia de Olivos el acuerdo de Astrazeneca y la Universidad de Oxford para fabricar en Argentina la vacuna contra el COVID 19, Hugo Sigman se convirtió de inmediato en el nombre de la salvación. La asociación del empresario farmacéutico que es dueño del Grupo Insud con el laboratorio sueco, la universidad británica y la Fundación Carlos Slim fue un anuncio casi milagroso, que le permitió al gobierno dar a conocer por fin una buena noticia en plena pandemia y salir de la defensiva, por unos días, con el solo combustible de la esperanza que generaba un emprendimiento privado.

La vacuna desarrollada por Oxford y AstraZeneca tenía una pata local: el principio activo sería elaborado en la planta de 8700 metros cuadrados que la empresa biotecnológica de Sigman, mAbxience, tiene en la localidad de Garín para después ser envasada en los Laboratorios Liomont de México. Se anunciaba un piso de producción de 150 millones de dosis y un techo de 250 millones de dosis, de las cuales el país de Andrés Manuel López Obrador recibiría 77 millones y el de los Fernández 22,4 millones. Argentina tendría prioridad para acceder a bajo costo a una vacuna de máxima calidad. Eso se decía.

eldiarioar.com  (www.eldiarioar.com)