lunes 29 de noviembre de 2021
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Mil latigazos para silenciar la crítica

Ensaf Haidar tiembla ante la mera perspectiva de los 1.000 latigazos que aguardan a su marido, Raef Badawi, condenado en Arabia Saudí por “faltar al respeto al islam”. Su delito fue defender la libertad de expresión y haber fundado un portal en Internet donde se podía debatir sobre religión. El brutal castigo, que se ejecutará en tandas de 50 azotes propinados en sucesivos viernes y que se suma a 10 años de privación de libertad, busca disuadir a otros activistas de los derechos civiles en el Reino del Desierto. Como en el resto de las monarquías de la península Arábiga, el temor a que la mínima apertura socave su poder absoluto se ha exacerbado desde la primavera árabe.

“En otros países se denuncia la reducción del espacio para la sociedad civil, en esta parte del mundo no hay espacio que reducir”, lamenta Khalid Ibrahim, codirector del Gulf Center for Human Rights (GCHR). “Los defensores de derechos humanos son tratados como criminales, les resulta imposible encontrar un trabajo y no se les permite organizarse. De Omán, donde detienen a un activista y no sabemos dónde está, a Arabia Saudí, donde encarcelan a cualquiera que discrepa, pasando por Emiratos, que no tolera la crítica, y Bahréin, donde siguen las protestas; la situación es muy mala”, resume durante una conversación telefónica.

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