miércoles 18 de mayo de 2022
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Mirtha cumple 40

La dictadura agonizaba en abril de 1982 cuando en aquel monoambiente de la calle Don Bosco me castigaba con el álbum “Traduzir-se” del brasileño Raimundo Fagner. Abría con una versión maravillosa de “La Saeta” con el mismísimo Serrat de invitado. El álbum venía sonando fuerte desde el año anterior y se mantenía con fuerza. En aquellos años no abundaban las FM, no existía ni la 100 ni Rock & Pop, mucho menos La Mega. Por entonces la rompían la FM de Splendid, la de Radio El Mundo y la de Del Plata, que se poblaron de rock argentino cuando la dictadura impuso la prohibición de pasar música cantada en inglés. Escuchar el sonido estereofónico de la frecuencia modulada era un gran placer, tanto como hacerse la cabeza con los pechos de Catalina Bahía que sonaba a cada rato o energizarse con el Colorado Cantilo rompiéndola con “La Gente del futuro” y “La jungla tropical” mientras no dejaba de llamar la atención el comienzo de “Va por vos, para vos”, aquel hitazo con el que conocimos a Miguel Mateos y su banda Zas. Explotaba también Celeste Carballo con su álbum “Me vuelvo cada día más loca” mientras que Roque Narvaja la rompía con su fabuloso “Amante de Cartón” (aquel de “Menta y Limón” y “Santa Lucía”).

Al fin de la dictadura lo musicalizó el rock con canciones que, en líneas generales, eran para cortarse las venas. Visto a la distancia, quizá no podía ser de otra manera. ¿Cómo evitar que León Gieco se desgarrara con decenas de historias amargas, o que Baglietto fuera top con el disco “Tiempos difíciles”, que traía historias del subsuelo: la del reo que sale de la cárcel y vuelve a lo de Mirtha, o el dramón de la pareja que pierde un bebé recién nacido, o el irrespirable clima de la previa a un suicidio de “Sobre la cuerda floja”? Se venía la primavera democrática, pero estas eran canciones de otoño. En ese 1982 había llegado a La Plata, donde vivía mi hermano recién recibido de médico. En La Plata conocí las peñas en los Centros de Estudiantes, ahí vi al maestro Carlos Di Fulvio, regalo que me dio la vida. A veces siento que “Tiempos Difíciles” acompañó mi llegada a la gran ciudad, aquel tiempo donde como todo provinciano pedía un cospel en el subte consignando el destino “Un cospel hasta Piedras”.

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