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martes 20 de abril de 2021
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Miseria 2021: ¿para qué sirve estar en el Gobierno?

A pocos metros de la esquina de Córdoba y Gallo están parando hace dos meses ocho cartoneros: tres mujeres y cinco varones. Siete son de Santa Marta, un barrio de Lomas de Zamora. Aunque la realidad es que viven a medias: mitad de la semana sobre la vereda y el resto en el conurbano infinito. El mayor de todos es como el primer cartonero: “Empecé en el 2000”. Tuvo alguna vez casa precaria. Hoy vive en la parte de afuera de una vivienda deshabitada, tapiada desde el piso hasta el techo. Hay muchísimas por la zona, en especial yendo hacia el Abasto. Me entero por ellos que las viviendas en desuso son un tesoro cartonero: no hay nadie ahí para llamar a la policía. Aunque otros vecinos de la cuadra cada tanto sí llaman. Entonces van yirando entre viviendas con dueños ausentes. “Nadie quiere tener todo esto cuando abre su ventana”, dice comprensivo el viejo Polaco, quien tiene el rol de enseñar el trabajo a los nuevos cartoneros, la numerosa cohorte de pobres de pandemia. Además gestiona con enorme cuidado y paciencia los conflictos cotidianos.

Un señor de unos 65 años baja de una pequeña camioneta. Empieza a hablar de sus derechos. Los bolsones y carros ocupan parte de un espacio para carga y descarga de mercadería. Les dice que respeta el derecho de ellos a juntar una moneda, pero que no puede ir contra el suyo que también está trabajando. “Nos peleamos entre giles y así está el país”, dice. Polaco se acerca y conversa en voz baja, y poco después corre un poco los bolsones. Nadie más interviene. El señor entra a la farmacia de la esquina y sale enseguida sin agregar palabra. Uno de los cartoneros, el que tiene tatuado en el pecho la leyenda 100% negro, bromea: “Le rayo la camioneta”. Polaco ríe: “Es nuestra oveja negra”.

Juntaron unos 30 bolsones, resultado de tres días y medio de trabajo. Ocupan un cuarto de la cuadra. Todos los lunes pasa el camión entre las 17 y las 18 hs. Ya están calculando que van a recibir alrededor de 20.000 pesos para dividir entre todos. A Miriam le corresponderán más o menos 4.000. Pero a veces se va con 1.800 o 2.000 pesos. “Ojo, no todos los días es fiesta”, aclara. Además de la recuperación de reciclables, reservan algunos objetos hallados en la basura para vender en la feria del barrio.

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