Morir de amor: Fernando Savater dejó de escribir

Cupido lanza una flecha.

No regala flores ni bombones ni tarjetas preimpresas con clichés. No baja la luna y las estrellas, ni se presenta como un faro para la barca a la deriva en el mar oscuro. Cupido no manda un e-mail como Tom Hanks, ni siquiera el 14 de febrero.


El dios del deseo amoroso, hijo de Venus y de Marte –dioses, no por nada, del amor y de la guerra– lanza una flecha. Y apunta al corazón.

El valor iconográfico de esa imagen ha alimentado el tópico del amor en la cultura occidental. Cuando ese deseo amoroso se cumple, y la gente encuentra momentos de felicidad al compartir su vida con otro, ese ser se le clava en el corazón. Y si se pierde a ese otro, la fuerza de la muerte arranca la flecha y el dolor desgarra el músculo.