Murió Raúl Portal, un innovador de la TV envuelto en un laberinto de contradicciones

    Alejado del ambiente artístico desde hace muchos años por sus problemas de salud, murió Raúl Portal, a los 81 años. El emblemático conductor venía con muchas dolencias, agravadas desde el año pasado por las secuelas de varios accidentes cerebro-vasculares, incluso en el último tiempo había estado internado a raíz de una neumonía bilateral.

    Para algunos, Raúl Portal quedará en la historia como un bromista impenitente, un amable encantador de serpientes que con una incansable verborragia y la ingenua desfachatez de los payasos hacía todo lo posible por levantarle el ánimo a la gente desde la pantalla del televisor. Para otros, en cambio, Portal debería ser recordado como un hombre audaz que alentó en la tele un cambio de mentalidad necesario. Un innovador genuino que logró más de una vez romper moldes y rutinas de larga data e impulsar cambios que sus seguidores e imitadores nunca le reconocieron. En las dos posturas hay algo de razón. Y cualquier mirada retrospectiva que haga justicia con la trayectoria debería incluir parte de ellas. Murió alejado de las luces de las cámaras, pero llegó a ser una de las figuras más influyentes de la televisión en un tramo que arrancó a fines de los años 80 y se extendió por toda la década siguiente.