lunes 22 de octubre

Nace un nuevo relato: Estado lobo, empresario cordero

El estallido del caso de los cuadernos del chofer del Ministerio de Planificación durante la era K Oscar Centeno fue presentado el 1 de agosto, con acierto, por la investigación periodística del diario La Nación como la punta del ovillo de la histórica trama entre gobiernos y contratistas de obra pública. Con foco, en este caso, en la corrupción kirchnerista, aparecía un relato valioso sobre funcionarios, proveedores del Estado, encuentros furtivos, bolsos con dinero vivo y delivery a domicilios de la propia ex familia presidencial. Y, sobre todo, el concepto de coima. Pero la estrategia legal de los hombres de negocios detenidos, traducida al lenguaje mediático por los múltiples voceros del establishment económico, abrió el grifo de otra narrativa sintetizada en el título que dejó el CEO Claudio Belocopit en una entrevista con este portal (“La responsabilidad empresaria en la corrupción no es similar a la del Estado”) y alimentada por las confesiones que cambian sobornos por aportes de campaña concretados al calor de la extorsión estatal. ¿Son los empresarios corderos corrompidos por los lobos de la política?

La primera discusión sobre la ausencia de los cuadernos originales quedó pronto superada cuando Centeno confirmó la autenticidad de las copias sacadas por los periodistas y entregadas al fiscal Carlos Stornelli. Su relato se convirtió, entonces, en un sucedáneo suficiente de los papeles y la atención se centró en el modo en que éste se contrastaría con evidencia física para constituirse en prueba judicial.


En ese esquema, era crucial la información que pudieran aportar otros “imputados colaboradores”, especialmente los empresarios. Cuando estos comenzaron a aparecer, los argumentos en defensa de la ex presidenta, Cristina Kirchner, se hicieron más endebles, ya que esos hombres de negocios admitían la comisión de los delitos. ¿Por qué lo haría un inocente?

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