martes 23 de octubre

Nadie te dice qué significa el matrimonio

Antes quería dejarte. Te amaba, pero no podía quedarme.

Quería vivir en una ciudad con senderos para caminata y cafeterías, con librerías a las que pudiera ir a pie. No quería estar en nuestro suburbio de Florida, lleno de palmeras y centros comerciales, un lugar que nunca quise, pero en el que me establecí porque tú ya estabas ahí, echando raíces. Si me hubiera ido, habrías tenido la libertad de vivir esa vida de familia suburbana que correspondía con ese lugar, la que asumí que deseabas y que jamás podría darte.


Fuimos a Seattle a una boda y pasamos el día escalando las colinas y recorriendo los jardines dentro de la ciudad y en los alrededores. “Me encanta este lugar”, te dije. “Esto es lo que quiero”.

Pero era 2009 y nuestra casa en Florida valía 150.000 dólares menos de lo que habías pagado por ella. Estábamos atrapados.

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