lunes 23 de mayo de 2022
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Naomi Klein: «¡Que se ahoguen!»

Edward Said no era un ecologista radical; provenía de una familia de comerciantes, artesanos y profesionales. En una ocasión se describió a sí mismo como “un caso extremo de palestino urbanita cuya relación con la tierra es básicamente metafórica”. En After the Last Sky, sus meditaciones sobre las fotografías de Jean Mohr exploraban los aspectos más íntimos de la vida palestina, desde la hospitalidad al deporte y a la decoración del hogar. El detalle más nimio –la colocación de un marco, la postura desafiante de un niño- provocaba en Said un torrente de percepciones. Pero cuando se enfrentaba a las imágenes de los campesinos palestinos –cuidando de sus rebaños, trabajando la tierra-, la especificidad se evaporaba súbitamente. ¿Qué tipo de cosecha estaban cultivando? ¿En qué estado se hallaba el suelo? ¿Disponían de agua? No era capaz de captarlo. “Sigo percibiendo una población de sufridos campesinos pobres, a veces peculiar, inmutable y colectiva”, confesaba Said. Se trataba de una percepción “mítica” –reconocía- que, sin embargo, mantuvo.

Si bien la agricultura era otro mundo para Said, pensaba que quienes dedicaban sus vidas a cuestiones como la contaminación del aire y del agua habitaban otro planeta. En una ocasión, hablando con su colega Rob Nixon, describió el ecologismo como “la indulgencia de mimados ecologistas radicales que carecen de una causa adecuada”. Pero los desafíos medioambientales del Oriente Medio son imposibles de ignorar para alguien inmerso, como Said, en su geopolítica. Se trata de una región intensamente vulnerable al calor y a la escasez de agua, al aumento del nivel del mar y a la desertificación. Un reciente informe sobre el cambio climático publicado en la revista Nature predice que, a menos que reduzcamos radical y rápidamente las emisiones, es probable que partes inmensas del Oriente Medio “experimenten niveles de temperatura intolerables para el ser humano” a finales de este siglo. Y esto es algo tan contundente como aseguran los científicos del clima. Sin embargo, en la región se tiende aún a tratar las cuestiones medioambientales como si fueran algo no prioritario o una causa superflua. La razón no es la ignorancia ni la indiferencia. Se trata tan sólo del ancho de banda. El cambio climático es una grave amenaza pero los aspectos más aterradores del mismo van a darse a medio plazo. Sin embargo, a corto plazo, hay siempre amenazas mucho más urgentes con las que lidiar: la ocupación militar, los ataques aéreos, la discriminación sistémica, el embargo. Nada puede competir con eso, ni debería intentarlo.

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