domingo 9 de diciembre

Netflix contrata a los mejores directores para ningunearlos

En la plaza de La Cebada en Madrid un enorme cartel tapa unas obras. “En 1478 se quemaban brujas en esta plaza”, dice el anuncio que Netflix utiliza para promocionar Las escalofriantes aventuras de Sabrina. A unos kilómetros, junto a la estatua de Colón (¿casualidad?), una lona lee: “Adiós hijueputas, hola hijos de la chingada”. La plataforma se deja sus dólares para que piques con Narcos: México. Y no es la primera vez que coloniza la ciudad. Lo hicieron con Élite, The Crown, Las chicas del cable, Glow… Las lonas ya están acostumbradas a mudar de piel. Objetivo: que todo mortal se entere de que existen sus series, pero ¿y sus películas, qué?

A principios de octubre, al mismo tiempo que Netflix lanzaba a bombo y platillo la sexualidad puber de Élite en todo el mundo, la compañía subía con nocturnidad y alevosía 22 de julio, filme sobre el ataque terrorista de 2011 en Noruega dirigida por Paul Greengrass. Sí, el responsable de tres taquilleras entregas de Bourne, Capitán Phillips y de la taquicárdica United 93 estrenaba sin pena ni gloria, de tapadillo entre “las series de la semana”. Había que hacer un esfuerzo por enterarse, incluso si la querías ver. Pero no es la única. Mientras Narcos se aproximaba a tierras mexicanas, más allá de la frontera los hermanos Coen se atrevían con un wéstern por fascículos llamada La balada de Buster Scruggs. Ni siquiera con Liam Neeson y James Franco en su reparto se salvaron de la fogatas de contenidos de la compañía. Ni una ni la otra son las mejores obras de sus brillantes directores, cierto, y, aun así, merecían más respeto que ser meras comparsas, relleno en la lista de recomendaciones.


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