Nicolás Maduro y el miedo a ser abandonado por Putin

Sergei Riabkov fue claro: «Tenemos contactos con la oposición». Lo dijo hace casi una semana. Es un funcionario clave. Nada menos que el vicecanciller de Vladimir Putin y uno de los que mejor interpreta los pensamientos de su jefe político. Sin embargo, fue cauto: «Son esporádicos» esos encuentros. No especificó mucho más.

No hacía falta. El mensaje había llegado a quien era un destinatario primario, aunque no explícito: Nicolás Maduro.


El dictador venezolano tomó nota. Preocupado. O resignado. Sabe desde hace tiempo que uno de sus principales sostenes -Rusia- no apostó todo a su permanencia, sino al futuro. Allí estará siempre Venezuela pero no necesariamente él, el hombre que asegura tener la capacidad de conversar con seres alados.