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viernes 17 de septiembre de 2021
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Niñxs, adolescentes, redes sociales y fandoms literarios: la lectura no termina en un libro

“Los chicos no leen”. A esa idea, que el mundo adulto repite como un mantra, se le agrega una novedad, la aparente dualidad entre libros y tecnología: “no leen porque están todo el día con el celular”. En este ensayo, Paula Cuestas desmiente los diagnósticos adultocéntricos, explica por qué las recomendaciones de los bloggers, booktubers y bookstagrammers hoy tienen más peso que el suplemento cultural de un diario y cuenta cómo a partir de la lectura se consolidan lazos de amistad y comunidades en las que los y las jóvenes son protagonistas.

Que los chicos no leen, que están todo el día con el celular, que la falta de lectura ha llevado a una “pérdida de valores” que se traduce, indefectiblemente, en un embrutecimiento cultural. Apocalípticos y repetidos diagnósticos esgrimidos desde el mundo adulto para cuestionar prácticas lectoras -o la falta de prácticas lectoras- de niñas, niños y adolescentes. Así como hay adultos que no leen, siempre hubo chicos que no se sintieron atraídos por los libros y dedos acusatorios sobre esa falta. Lo que sí resulta novedoso es esta aparente dualidad entre libros y tecnologías (como si el libro no fuera una tecnología). Una ecuación en la que pareciera surgir la idea de que “a más pantallas, menos libros”.

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