Nisman, 5 años: ¿Y si fue suicidio, qué hacemos?

Cinco años. Hora de terminar con las teorías sin sustento fáctico, las especulaciones y los manoseos. Digámoslo en seco: es imposible constatar, suponer e incluso aventurar que en ese baño y ese departamento hubiese alguien más que Natalio Alberto Nisman en el instante en que una bala calibre 22 perforó su cráneo, entre la sien y la línea anterior de la oreja derecha.

La hipótesis oficial del homicidio cometida por dos o una persona requiere que esos supuestos asesinos supieran volar, levitar o desmaterializarse. Ningún servicio de inteligencia ni fuerza especial ha llegado a tanto.

La escena del hallazgo del cadáver de Nisman quedó congelada en un sinfín de fotos y filmaciones. Nadie pudo movilizar un cadáver de casi 90 kilos sin dejar siquiera una huella de pisada o arrastre en las micro gotas de sangre desparramadas por el piso tras el ingreso del disparo a la cabeza. Esas micro gotas, o parte de ellas, además, jamás habrían llegado al piso si en medio de ese “spray” de sangre se hubiese interpuesto otra persona. Mucho menos dos. A diferencia de las balas, las gotitas de sangre no tienen capacidad de atravesar cuerpos.