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miércoles 28 de julio de 2021
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No es el apocalipsis: es la nueva normalidad

Bastaron seis meses para que la promesa optimista de la nueva década se transformara en una sensación colectiva de calamidad. La idea del fin del mundo, cada vez más presente en las redes, alcanzó a mitad de año su clímax definitivo: un sismo de 7.5 grados sacudió México en pleno confinamiento. Una amenaza de tsunami en toda la costa del Pacífico despertó las alertas mundiales. El viaje del polvo del Sahara sobre el Caribe y una plaga de langostas en América del Sur parecían repetir con ironía un pasaje bíblico. Y todo en los límites de una pandemia interminable que ha cobrado más de 490,000 vidas en todo el planeta. La pregunta cobra fuerza más allá de la adivinación: ¿es esto el fin?

Además de alterado y sentimental, 2020 es un año fronterizo: una puerta que nos separa de un mundo que, como lo veíamos, ya terminó. Si el historiador Eric Hobsbawm dijo que el siglo XX comenzó en 1914 y terminó en 1991, ¿no será 2020 el inicio real del siglo XXI? ¿Qué fue lo que vivimos entre 1992 y 2019? ¿Un preview del tercer milenio? Vigilancia digital, teleexistencia, violencia policial, ecocidios, furia capitalocénica: todo lo que la distopía reclamaba como suyo ahora es rutina. Si la pandemia es una aceleración del tiempo, que a la par de confinar al mundo en la parálisis de la espera lo arrojó al espiral de un futuro ilegible, no sería descabellado pensar que la “nueva normalidad” arrastra al presente una época que se esperaba muy lejana.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)